Las marcas son como personas. Cuando comprendamos esto, conseguiremos humanizar las acciones de negocio y conectar emocionalmente con nuestro público.

Al hablar de las estrategias de captación de una empresa podemos contemplarlo, como nuestro querido profesor Josep-Maria Fàbregas nos ha sugerido en clase, como un proceso de seducción.

Juguemos un poco con la metáfora de la seducción para observar las equivalencias con los procesos de captación de las marcas:

Lo primero que debemos definir es el objetivo, ¿qué estas buscando?, ¿un romance esporádico o un amor “para siempre”? ¡El objetivo definirá todas las siguientes acciones!

Bien, ya sabemos lo que queremos…ahora, ¿a quién se lo decimos? Lógicamente adaptaré mis técnicas de seducción, mis mensajes y su codificación según el tipo de perfil a captar. Basta una ojeada rápida (las mujeres tenemos cierta habilidad para esto) de arriba a abajo para saber cómo y qué voy a decir. ¡Ajá, ya te he calado!

Perfecto, sabemos qué queremos y cómo segmentaremos nuestras acciones dependiendo del target. Vamos a ver qué herramientas de seducción tenemos:

– NUESTRA IMAGEN: el que diga que no miente, ¡la apariencia importa! Por eso, dedicamos (poco o mucho) tiempo a que nuestro aspecto refleje la imagen que queremos trasladar. Mi imagen de marca debe transmitir los valores que quiero que se asocien a la misma.

– DESTACAR: ser uno más nunca es atrayente, tus atributos deben diferenciarse del resto, y principalmente conectar con el público al que te quieres dirigir.

– SONREÍR: recurso infalible para llamar la atención y conectar emocionalmente con alguien. Captar el interés de forma alegre y positiva siempre beneficia a una marca.

6656030373_7619abe1ec_z– CONTACTO VISUAL: te miro y al devolverme la mirada podemos saber muchas cosas (posiblemente incluso todo lo anterior). Podemos captar la atención con un buen primer contacto visual y despertar el interés. ¡Mira, ya tengo un lead!

– ESCUCHAR: ahora nos toca conocer qué gustos e intereses tiene la persona con la que me estoy comunicando. Esto me ayudará a empatizar y codificar mejor el mensaje para que sea más interesante.

– MENSAJE: Lógicamente debemos destacar nuestras mejores virtudes, aunque… cuidado con pecar de prepotentes (hay cierto margen en este sentido dependiendo de nuestra personalidad de marca). Lo que está claro es que los mensajes repetitivos sobre “lo bueno que soy” aburren; el público quiere escuchar cosas nuevas y relevantes. Debemos impresionar continuamente (enamorar día a día a nuestro oyente).

– DAR EL CONTACTO: Ahora que he captado tu interés, necesito un dato que me ayude al “te llamo, me llamas”. Preferiblemente dame tu número y te llamo yo. Agrego el teléfono/mail/… en mi agenda y subo un escalón muy grande en mi proceso de captación. ¡Ya te tengo!

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– HACERTE EL INTERESANTE: A veces toca hacerse un poco el remolón y dejar que sea el otro quien te busque. La sensación de inseguridad puede crear cierta ansiedad que beneficia las expectativas y el deseo.

– SER CONSTANTE: Una vez captado el cliente, comienza un proceso relacional que se debe trabajar, adaptar y optimizar constantemente. Aquí damos paso al proceso de fidelización… ¡pero eso es otra historia!

La comunicación con nuestro público es cada vez más directa y personalizada. Debemos aprovechar esta oportunidad para explotar todas las utilidades y ventajas del marketing relacional. El comportamiento de las organizaciones debe ir adaptándose cada vez más al funcionamiento de las relaciones humanas.

La captación puede ser un proceso complicado o divertido, depende de cómo lo plantees y sobre todo de si tienes claros tus objetivos y a quién te diriges. Debemos focalizar esfuerzos para no intentar matar moscas a cañonazos… y volver a casa sin comernos una rosca.

¿Tienes más herramientas de seducción? ¡Coméntanos!

Ana Rosa Álvarez
Community Manager

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